Thursday, January 10, 2008


En el bar Pílades, luego de varias copas, Jacopo Belbo le explica a Casaubón una curiosa tipología "Pues bien. En el mundo están los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos". Según Belbo, uno de los mejores personajes, a mi gusto, de la literatura contemporánea, no es una verdad absoluta, sin embargo, todo participamos alguna vez de estas categorías. Según esto, vivir, nos dice Belbo, consiste en saber combinar perfectamente cada una de estas categorías.



Traigo a colación este pasaje, porque he comenzado nuevamente a leer este excelente libro (Eco, Umberto, 2005, El Péndulo de Foucault, 4° Edición, Debolsillo, Buenos Aires), y me gustaría aprovechar la ocasión para reflexionar con respecto a un par de puntos que me parecen interesantes.


Lo primero que me resulta cautivante es la portada de la edición. Aparecen tres arcos ojivales que, desde la posición en que está sacada la foto, da la impresión de tres grandes siluetas. Bien podrían representar a los tres personajes del libro: Casaubón, el estudiante de los templarios, Jacopo Belbo, el empleado de una editorial que piensa que nunca podrá escribir un libro, y Diotallevi, el cabalista autodenominado judío.


"Traté entonces de apartar la vista siguiendo la curva que, desde los capiteles de las columnas dispuestas en semicírculo, se prolongaba por las nervaduras de la bóveda hasta la clave, repitiendo el misterio de la ojiva, que se apoya en una ausencia, suprema hipocresía estática, y a las columnas les hace creer que empujan hacia arriba las aristas, mientras que a éstas, rechazadas por la clave, las persuade de que son ellas quienes afirman las columnas contra el suelo, cuando en realidad la bóveda es todo y nada, efecto y causa al mismo tiempo"(21 - 22).


En el párrafo anterior, se ejemplifica, a priori, lo que se tratará en el libro: los tres personajes inventan una conjura, pero este juego los involucra peligrosamente. Ellos creen dominar la conjura, como las columnas, pero finalmente el juego termina cor consumirlos.

Decía al comienzo que consideraba a Jacopo Belbo como uno de los mejores personajes de la lieratura contemporánea. Jacopo Belbo, en plena madurez, cree que nunca podrá crear algo. Casaubón, el protagonista, encuentra sus files y se da cuenta de que es un creador innato. Belbo actúa como un estúpido, ya que confunde la creación como la emanación, es decir, piensa que la creación surge de la nada, sin embargo, como descubre Casaubón, Belbo es un demiurgo, es el que, a partir de elementos desordenado, pero ya existentes (caos), y mediante la relación lógica de estos elementos (cosmos), es capaz de crear un nuevo elemento. Gracias a su máquina Abulafia, Jacopo Belbo logra componer textos de una gran riqueza literaria, a partir de la intertextualidad o simplemente de las permutaciones.
En fin, muchas razones para leer este libro. Otra vez más. Todo lo que he dicho hasta este instante es falso. Buenas noches, Casaubón.



Friday, February 03, 2006

No sé porqué, pero últimamente la cárcel me ronda.

Comencé, hace exactamente una semana, a ver un clásico del cine (veo un trocito cada noche, antes de acostarme), "Escape de Alcatraz", y aún no la termino de ver... puedo adivinar el final, claro, por el título: se me imagina, no sé porqué, que el protagonista al final logra fugarse del recinto.

Ayer comencé un libro, "La Edad Prohibida" de Torcuato Luca de Tena y, adivinen, se trata de una cárcel.

Últimamente me he dado cuenta que mi vida es como la de un preso: vivo encerrado en mi casa, no por obligación, sino por falta de motivos, sólamente a veces voy a casa de mi padre a comer, igual que los reos. Vivo dentro de esas cuatro paredes, esperándo que algún día me llegue la tan ansiada libertad ¿y libertad de qué? ¿o para qué? estoy bien con mis plantas, con mis flores, con mis compañeros de encierro, que aunque no comparten la misma celda, solidarizan con la prisión "PAC 4525".

Sin embargo, creo que me falta algo. Un preso es una persona que no puede valerse por si misma, no por imposibilidad física o psicológica, sino por una imposibilidad social ¿será esa la razón de mi enclaustramiento? ¿acaso estoy imposibilitado socialmente? la verdad es que no creo que sea así, pero la triste realidad me lo confirma.

Qué pena, si no fuera por esa linda abogada que intenta sacarme de este infierno, creo que ya hubiera agarrado las sábanas de mi catre y hubiera adornado firmemente mi cuello con sus vueltas. La cárcel me ronda y quiero, desesperadamente, al igual que Clint Eastwood, salirme de ella.

Ayúdame!!!!!!!!!!