En el bar Pílades, luego de varias copas, Jacopo Belbo le explica a Casaubón una curiosa tipología "Pues bien. En el mundo están los cretinos, los imbéciles, los estúpidos y los locos". Según Belbo, uno de los mejores personajes, a mi gusto, de la literatura contemporánea, no es una verdad absoluta, sin embargo, todo participamos alguna vez de estas categorías. Según esto, vivir, nos dice Belbo, consiste en saber combinar perfectamente cada una de estas categorías.

Traigo a colación este pasaje, porque he comenzado nuevamente a leer este excelente libro (Eco, Umberto, 2005,
El Péndulo de Foucault, 4° Edición, Debolsillo, Buenos Aires), y me gustaría aprovechar la ocasión para reflexionar con respecto a un par de puntos que me parecen interesantes.
Lo primero que me resulta cautivante es la portada de la edición. Aparecen tres arcos ojivales que, desde la posición en que está sacada la foto, da la impresión de tres grandes siluetas. Bien podrían representar a los tres personajes del libro: Casaubón, el estudiante de los templarios, Jacopo Belbo, el empleado de una editorial que piensa que nunca podrá escribir un libro, y Diotallevi, el cabalista autodenominado judío.
"Traté entonces de apartar la vista siguiendo la curva que, desde los capiteles de las columnas dispuestas en semicírculo, se prolongaba por las nervaduras de la bóveda hasta la clave, repitiendo el misterio de la ojiva, que se apoya en una ausencia, suprema hipocresía estática, y a las columnas les hace creer que empujan hacia arriba las aristas, mientras que a éstas, rechazadas por la clave, las persuade de que son ellas quienes afirman las columnas contra el suelo, cuando en realidad la bóveda es todo y nada, efe

cto y causa al mismo tiempo"(21 - 22).
En el párrafo anterior, se ejemplifica, a priori, lo que se tratará en el libro: los tres personajes inventan una conjura, pero este juego los involucra peligrosamente. Ellos creen dominar la conjura, como las columnas, pero finalmente el juego termina cor consumirlos.
Decía al comienzo que consideraba a Jacopo Belbo como uno de los mejores personajes de la lieratura contemporánea. Jacopo Belbo, en plena madurez, cree que nunca podrá crear algo. Casaubón, el protagonista, encuentra sus files y se da cuenta de que es un creador innato. Belbo actúa como un estúpido, ya que confunde la creación como la emanación, es decir, piensa que la creación surge de la nada, sin embargo, como descubre Casaubón, Belbo es un demiurgo, es el que, a partir de elementos desordenado, pero ya existentes (caos), y mediante la relación lógica de estos elementos (cosmos), es capaz de crear un nuevo elemento. Gracias a su máquina Abulafia, Jacopo Belbo logra componer textos de una gran riqueza literaria, a partir de la intertextualidad o simplemente de las permutaciones.
En fin, muchas razones para leer este libro. Otra vez más. Todo lo que he dicho hasta este instante es falso. Buenas noches, Casaubón.